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    Madre espera entre escombros el rescate de su hija de siete años

    La familia de Diana Morán permanece frente al edificio OPP 22 Caribe, en Caraballeda, donde una niña de siete años y la mujer que la cuidaba quedaron bajo los restos de la estructura tras el terremoto del 24 de junio.

    Redacción ABC 8 de julio de 2026

    La carpa es pequeña, pero allí cabe todo lo que le queda a una familia desde que el terremoto les partió la vida en dos: algunos colchones, sábanas, botellas de agua y la esperanza de volver a encontrar a quienes quedaron bajo los escombros.

    Frente a ellos ya no está el edificio de 12 pisos donde vivían decenas de personas. Ahora solo queda una montaña de concreto, hierros y polvo. En distintas esquinas, equipos trabajan removiendo escombros mientras una familia espera sin poder alejarse.

    El lugar es el OPP 22 Caribe, en la parroquia Caraballeda, estado La Guaira, una de las zonas impactadas por los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio. Reportes periodísticos han señalado a Caraballeda entre las áreas más afectadas por los colapsos de edificios tras el sismo.

    La madre de la menor recuerda una y otra vez la tarde del terremoto. Estaba trabajando cerca cuando comenzó el primer movimiento.

    “Fue un temblor demasiado fuerte. Vi cómo se movía el piso donde yo trabajaba y caían las copas. Me lancé debajo de una mesa con una compañera. Cuando pude salir vi muchos lugares derrumbados y vine corriendo hacia acá porque lo primero en lo que pensé fue en mi hija”, relató.

    Cuando llegó, el edificio ya había colapsado.

    La madre también resultó herida durante los primeros momentos del desastre. Todos los días recibe curaciones en una misión médica cercana, pero asegura que ninguna lesión física se compara con el dolor que lleva desde aquella tarde.

    La tragedia en La Guaira se suma a la devastación provocada por los terremotos en Venezuela, donde edificios residenciales, incluyendo estructuras vinculadas a complejos de vivienda pública, quedaron reducidos a escombros. Medios internacionales han documentado rescates, daños severos y familias que continúan buscando a sus seres queridos entre los restos de las construcciones.

    Para esta familia, cada minuto frente al edificio tiene un peso distinto. No es solo una espera. Es la forma que encontraron para seguir cerca de quienes aman, aun cuando el concreto, el silencio y la incertidumbre parezcan decir lo contrario.

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