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    "Nadie está vendiendo el fútbol": Infantino se echa para atrás tras amenaza de boicot de media Europa

    El presidente de la FIFA abandonó su plan de crear una empresa de $20,000 millones con capital privado —incluyendo a la familia Kushner— luego de que la UEFA amenazara con boicotear el Mundial y su propio asesor renunciara en pleno escándalo

    Redacción ABC 10 de agosto de 2026

    El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, tuvo que tragarse el orgullo. Después de días de presión desde todos los ángulos posibles del mundo del fútbol, canceló su controversial plan de vender una porción de las ganancias del Mundial a un grupo de inversionistas privados, entre ellos la familia Kushner.

    La decisión no fue voluntaria ni espontánea: llegó horas después de que su asesor de confianza renunciara públicamente y de que la Confederación Asiática de Fútbol se uniera a Europa y Norteamérica en rechazo total a la propuesta.

    Crédito: Photo by Carl Recine/Getty Images)

    "Habiendo escuchado con atención todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha creado divisiones que, sin importar el nivel de apoyo, ya no van con el objetivo original", dijo Infantino en un comunicado el viernes. "Nuestro propósito siempre ha sido, y siempre será, unir y mejorar. Como resultado, esta propuesta no seguirá adelante."

    ¿De qué se trataba el plan? Infantino proponía crear una empresa valorada en $20,000 millones para manejar el Mundial junto a inversionistas privados. La jugada sonaba a Wall Street metiéndose en la joya más grande del deporte más popular del planeta, y eso no le cayó bien a nadie.

    El golpe más duro vino de Europa. Las 55 federaciones que forman la UEFA acordaron el jueves boicotear el Mundial y todas las demás competencias de la FIFA si el plan seguía adelante. Ese tipo de amenaza —viniendo del bloque futbolístico más poderoso del mundo— no es cosa de juego.

    "Hay cosas que sencillamente son demasiado importantes para vender", declaró la UEFA en su comunicado. "El Mundial de la FIFA le pertenece al fútbol. Siempre será así. Y mientras Europa tenga voz, nunca estará en venta."

    La CONCACAF, que representa a Norteamérica, Centroamérica y el Caribe —incluyendo a Puerto Rico dentro del paraguas futbolístico regional— también se opuso, al igual que la Confederación Asiática de Fútbol (AFC). Es decir: tres de las confederaciones más influyentes del planeta le dieron la espalda a Infantino en cuestión de días.

    "No puedo quedarme de brazos cruzados mientras la FIFA considera vender una participación del Mundial", dijo Cordeiro en su declaración —apenas horas después de que la propia FIFA insistiera públicamente: "Nadie está vendiendo el fútbol."

    La ironía no pasó desapercibida: mientras la organización trataba de bajarle el tono a la controversia, uno de sus propios asesores de alto nivel se iba por la puerta ancha, dejando claro que la molestia interna era real.

    ¿Por qué esto genera tanta conversación? Porque toca una fibra sensible: el Mundial no es solo un torneo, es patrimonio cultural para millones de personas. La sola idea de que capital privado —y particularmente una familia con el perfil político de los Kushner— tuviera participación en las ganancias del evento deportivo más visto del mundo, encendió una alarma que trascendió lo deportivo y se metió de lleno en lo político.

    Infantino se retractó, pero la pregunta que queda flotando es otra: ¿fue esto una decisión genuina de escuchar al fútbol mundial, o una retirada estratégica para evitar un boicot que hubiera sido catastrófico para la imagen de la FIFA de cara al próximo Mundial? Esa conversación apenas empieza.

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