Rescatan de la extinción a cientos de caracoles únicos en Portugal
Con apenas 21 ejemplares conocidos, científicos lograron reproducir y devolver cientos de caracoles a una isla portuguesa tras años de trabajo contra las especies invasoras.
En un mundo donde las noticias sobre especies desaparecidas son cada vez más frecuentes, un pequeño caracol se ha convertido en el protagonista de una extraordinaria historia de supervivencia.
Con apenas el tamaño de un guisante y una población que estuvo al borde de desaparecer para siempre, cientos de ejemplares fueron liberados nuevamente en la isla de Bugio, un territorio deshabitado del archipiélago portugués de Madeira, gracias a un ambicioso programa internacional de conservación.
Las impresionantes imágenes difundidas por el Zoológico de Chester muestran el delicado proceso: los conservacionistas crían los diminutos caracoles en ambientes controlados, los identifican con diminutas marcas de pintura fluorescente y luego recorren escarpados acantilados para devolverlos cuidadosamente a su entorno natural.
La especie Geomitra coronula estuvo a solo un paso de extinguirse. Según el Zoológico de Chester, únicamente se encontraron 21 ejemplares, todos reunidos sobre una sola roca, convirtiéndose en toda la población conocida de la especie.
A partir de esos pocos sobrevivientes, especialistas del Zoológico de Chester, el Gobierno de Madeira y el ZooParc de Beauval, en Francia, iniciaron un complejo programa de reproducción que permitió criar más de 300 nuevos individuos, posteriormente reintroducidos en la naturaleza.
Además, cerca de 200 ejemplares de la especie Discula lyelliana también fueron liberados como parte del mismo proyecto de recuperación.
Tamas Papp, subdirector del equipo de invertebrados del Zoológico de Chester, aseguró que la misión era prácticamente una carrera contra el tiempo.
"La Geomitra coronula estaba tan cerca de la extinción que toda su población mundial cabía en una sola placa de Petri. Sabíamos que solo teníamos una oportunidad para salvarla."
Los expertos explican que el problema comenzó siglos atrás, cuando la actividad humana transformó el ecosistema de la isla. La introducción de cabras, conejos y, especialmente, ratones invasores alteró por completo el equilibrio natural.
Ante la falta de agua dulce en la isla, los ratones comenzaron a alimentarse de los caracoles para obtener hidratación, provocando un colapso casi total de sus poblaciones.
Hoy, gracias a años de trabajo científico, la historia ofrece una luz de esperanza para la conservación mundial y demuestra que incluso las especies más pequeñas pueden desempeñar un papel fundamental en los ecosistemas.
El proyecto también ha despertado admiración en redes sociales, donde miles de usuarios celebran que una especie considerada prácticamente perdida haya recibido una segunda oportunidad.








